viernes, 27 de diciembre de 2019
Concurso Zenda
Estaba sangrando por la nariz a borbotones, cuando el estómago parecía partirse en dos en ese momento. Tomé dos grandes bocanadas de aire como un pez que lo sacan de su charco, para sentir esa nada, un zumbido en los oídos que no me dejaba continuar.Un rayo incandescente me atravesó la columna vertebral para quebrar mi cuerpo como un caballo al galopar, sólo para derrumbarme de nuevo. De fondo se oían risas, un brindis, un villancico que había oído antes en un anuncio de la tele, pero que ahora no lograba descifrar.
Me aferré con mis manos al metal, era mi última oportunidad, hinché mis pulmones, guardé mi dolor y con toda mi alma apreté hasta que la oí llorar. Mi última hija acababa de llegar.
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